viernes, 3 de mayo de 2019

Amistad

Como siempre, re leí mis anotaciones. En la mayoría de ellas del último tiempo escribí: hoy fui feliz, pero feliz de verdad, salí con mis amigas, nos tomamos unas cositas y volví al departamento. Me siento plena, me siento completa. Y hace años no me sentía así.
Varias anotaciones se resumen a eso, deben ser al menos quince veces que escribí eso terminando el día.
Y ahora, sigo pensando y sintiendo lo mismo: que bonito es que existan, que bonito es mirar hacia el lado y ver a mis amigas, que bonito es que estén, y que bonitas son.
No puedo más que sentirme afortunada de tenerlas, no me imagino la vida sin ellas, no me imagino un día en mi vida sin conversar con alguna de ellas, ni tampoco me imagino que hubiera sido de mi sin ellas. Jamás podría parar de agradecerles, pero por ahora, nos agradecemos acompañándonos, queriéndonos y disfrutando de la juventud, porque pucha que es bacan.
Hace muchos meses vengo pensando sobre muchas cosas relacionadas con la amistad, y me costó mucho sentarme a escribirlas porque siento que exploto de ideas y no puedo ordenarlas, por eso quizás sea un poco desordenado esto. En mi libretita de anotaciones escribí muchas veces sobre esto, pero ahora siento que ya puedo canalizar la idea.
Hace unos años, varios en realidad, conocí a quién fue por muchos años mi mejor amigo (o eso creía yo). En el momento en que nos hicimos amigos, él había perdido a uno de sus grandes amigos, lo cual le acongojaba mucho y le causaba mucha tristeza.
Con el pasar de los años, y mientras más nos estábamos conociendo, me di cuenta que uno de sus mayores dolores tenía que ver con eso: la amistad. Ya que, por distintas causas de la vida nunca había tenido amigos de verdad, o más bien, nunca había sentido eso de querer tanto a alguien como familia sin serlo, y eso es la amistad.
Yo siempre me sentí triste también por la situación, ya que pensaba "pero por qué le pasa eso, si es tan buen amigo, tan buena persona, por qué no tiene la fortuna que tengo yo de tener buenos amigos". La situación siempre era triste, cada cierto tiempo el dolor de él afloraba y me decía, a veces hasta las lagrimas: no tengo amigos. Ante lo cual, yo me lamentaba también, hasta me daba rabia. Pero había algo que me tranquilizaba, y era que yo si era su amiga, y pese a todo, por mi parte siempre estaría para él, porque así al menos entendía yo la amistad, y el amor en este caso. Además, le entregue la amistad de mis amigas, que ahora entiendo, es una de las cosas más valiosas que tengo.
Las hice sus amigas, a cada reunión con ellas lo invitaba porque quería que conociera lo maravillosas que eran. Lo anterior, obviamente dio frutos porque al final todo terminó en (lo que yo creía) una linda amistad entre todos.
Sin embargo, al final, entendí todo. Y es una lata que uno nunca termina de conocer a las personas (aunque suene cliché, es la pura verdad), y pese a que nuestra amistad duró muchos años, me di cuenta del error que cometí.
No era buen amigo.
Y me dolió, me dolió porque yo sentía su dolor, me dolió porque yo encontraba injusta la situación, y si hay algo que no soporto son las injusticias.
Pero, la vida se encargó de demostrarme lo contrario: no tenía amigos porque no era buen amigo. Si yo que fui su única amiga por años salí lastimada hasta desgarrarme de dolor, no le desearía a nadie su amistad.
Y eso, cuiden a sus amigos. No crean que todos son malos, hay de todo en esta vida.

jueves, 21 de febrero de 2019

El sur, los recuerdos, la gente y yo


Ahora ya acabó este viaje muy loco, por lo que me siento muy feliz, agradecida y por sobre todo tengo un sentimiento de gratitud enorme que al parecer no es primera vez que siento.
Comparto esta foto porque representa mucho para mi, que es lo que contaré a continuación:
Hace como cuatro años atrás comencé a ir de vacaciones "sola", y con ello me refiero a sin la compañía de mis papas o de alguien de mi familia.
Lo importante de cada viaje ha sido que cada año, cada uno de mis veranos he estado rodeada de pura gente bacan y familias tremendas, que me han entregado más que buenas cariocas, bachilleratos, tardes en la playa o conversaciones llenas de cosas pulentas. Me han entregado recuerdos que atesoro en lo más profundo de mi corazón.
Ahora, haré un pequeño recuento de lo que han sido estos veranos.
Creo que la primera vez fue cuando me fui a La Serena en el 2016, el viaje fue muy bacan, y lo hice con personas muy buenas, no nos faltaron las risas, las caminatas y las cariocas obvio. Ese viaje fue el comienzo de considerar familia por primera vez a personas que no lo eran. La hice mía por muchos años hasta hace poco.
En aquel viaje, recuerdo que dormíamos hasta tarde antes de salir, lo que es raro en vacaciones. Además, comimos varias veces porotos granados (mi comida favorita) y conocí la playa de totoralillo que está en la lista de mis favoritas.
Aún tengo una foto de ese viaje en mi instagram porque fue muy lindo e importante para mi.
Luego, un día estaba viendo fotos del sur y me dije a mi misma: misma, tienes que ir. Asique se lo propuse a quien fue mi acompañante y obviamente nuestra primera pregunta fue ¿y con qué plata? y se me ocurrió la brillante idea de vender cositas en la U para los pasajes, lo demás lo veríamos en el camino.Y así fue, vediendo dulces en la U, junté la plata suficiente para irnos a Puerto Montt, compramos los pasajes y en el verano trabajé de promotora para costear mi estadía allá. La familia que me recibió allá eran amigos de un tío, vivían en una casa preciosa y a la orilla del lago.
Habíamos dormido como 2 días ya en carpa, por lo que llegar a una casa tan acogedora (nos recibieron con un asado) y una cama tan cómoda fue muy bacan.
Esos días fueron muy hermosos.
Y bueno, el 2018: de nuevo al sur. Con toda una familia, nos fuimos en un furgón porque eramos como 12. Puedo decir con toda autoridad que me fui con buenas personas. Y eso no se encuentra en cualquier lado. Me hacían sentir como en casa, pese a estar rodeada de extraños.
Conocimos muchos lugares, viajamos harto y comimos harto.
Creo que lo más divertido de todo era que jugábamos al bachillerato y yo tenía que darles ventaja porque me sé ese juego de memoria. Era muy entretenido.
Ese verano lo atesoro junto con los anteriores en lo más profundo de mi corazón y los buenos recuerdos.
Y ahora, 2019 el año de los cambios, de las metas, de la nueva vida. Otra vez el destino: el sur. Pero ahora, con amigos.
Y con todas las personas que salen en la foto compartimos por varios días. Ese día nos colocamos todos gorros de la colección de aquella casa, que era muy acogedora y llena de amor y buenos recuerdos.
Con todo lo que he dicho, no me queda más que agradecer. Agradecer a la vida por colocar a tantas personas buenas y lindas en mi camino. Agradecer al universo porque todo lo que he vivido me ha llenado de amor por dentro.
Agradecer a cada una de las personas que se ha cruzado en todas estas experiencias. A todas por cada risa, por cada pelea, por cada baile, por cada lugar que me dieron para dormir.
Sólo puedo decir que soy feliz, que no me duele mirar atrás, no me duele que mis recuerdos esten plagados de personas que quizás ya no serán más parte de mi vida. Y no me duele porque me llené de amor de ellos, me llené de su bondad, me llené de todo lo que teníamos para entregarnos.
Y así es la vida, pasajera y loca. La gente viene y va, pero cuando vienen, pucha que es bonito. Y cuando van, hay que despedirlas con amor y atesorando todos estos hermosos recuerdos dentro del alma.
Por eso de repente muchas personas me preguntan ¿oye por qué no has eliminado tal foto? no la he eliminado porque todo aquello fue parte de mi, y seguirá siendo parte de mi por siempre. Porque sin aquello no sería lo que soy ahora. Como dice la frase del estadio nacional "un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro", y yo por siempre tendré todos estos hermosos recuerdos en mi memoria y en mi corazón.
Y ahora aprendí que vienen más, vienen más personas, más amigos, más viajes, pero lo que importa es que todos me han llenado el alma.

lunes, 7 de enero de 2019

Hola para mi de nuevo

Debo admitir que este último tiempo, cuando empecé a conocerme y quererme a mi misma con todo el caos y la crisis interna que me invadió, terminó siento todo muy loco. Esto por varias razones, y una de ellas es la de esto que les voy a contar ahora.
Me empecé a dar cuenta de todas las cuestiones que me definían como yo, ósea quién era la Josefa y qué me hace distinta.Todos los días empecé a ver las cosas que me gustan, las que me dejaron de gustar, y las que más me gustan.
Obviamente en lo primero que pensé fue: me gusta la comida chatarra más que nada en el mundo, sobre todo los completos y las papas fritas. Y eso es muy cierto, porque mi amor por los completos es enorme. Siempre le cuento a la gente que cuando llegue a estudiar a Viña y aceptaban junaeb en todos lados, me pasaba todos los días en el mall, iba a tomar de once un completito o una pollo crocante italiana del Pedro Juan y Diego. Y de verdad que era todos los días, de once, almuerzo, daba igual. De hecho, es por esa razón que la mayoría de las personas dicen que soy una persona que se alimenta muy mal, y encuentro que tienen toda la razón, porque mi amor por las papas fritas es muy grande y probablemente moriré muy joven.
Lo segundo que pensé, relacionado con la comida, es que es terrible esa manía que tengo de dejar un poco. Siempre que como algo, tengo que dejar un poquito. Loquita po´.
Luego, fui pensando en cosas más ridículas que no tienen tanto que ver con los gustos. Por ejemplo, cada vez que voy al cine, como en los 3/4 de película me dan ganas de hacer pipí, y pucha, es super triste perderse una parte de la película, asique obvio que me espero hasta el final, pero muerta de ganas por hacer pipi jeje.
Y así muchas cosas, que las resumiré:
Todos los días me echo crema en la cara y en las manos y tiene que ser emulsionado, sino no me gusta.
Soy rara con los desayunos, porque durante muchos meses tomo el mismo. El año pasado fue el año del chocapic receta original con leche, el ante pasado de la leche con café, el ante ante pasado el de las leches milos, y así sucesivamente.
No me gusta dormir con ropa, si no es con pijama no estoy cómoda.
Se me hielan de manera increible los pies y la nariz en invierno, pero de verdad es terrible.
A veces cuando hablo se me cae la baba o salta jajaj.
Me gusta leer.
Se tocar la guitarra, y cuando chica me creía cantante. Hasta gané un festival.
Siempre mi celular tiene la pantalla rota. Y me duran muy poco.
Soy muy cobarde. Y me desesperan las situaciones tensas, por lo que siempre me arranco.
Mi comida favorita son los porotos granados.
Mi dedo chico de ambos pies es muy pequeño, y a mis amigas les da mucha risa y se burlan de mi.
Cuando chica tenía mucha personalidad, y era muy agrandada. Ahora me arrepiento un poco.
Estudio mucho por la dificultad que tiene para mi la U, por lo que a veces no tengo tiempo para hacer muchas cosas y eso me estresa mucho, porque no me gusta estar sin hacer nada. Pero con el tiempo fui aprendiendo a compatibilizar mis tiempos y poder hacer todo de la mejor forma.
Cuando tengo hambre o sueño me pongo idiota.
Me incomoda que me miren o me digan cosas buenas mías.
Me sé el bachillerato de memoria, asique nunca me podrán ganar.
Me encanta jugar carioca.
Me gusta mucho la música, todo tipo de música, y tengo dos canciones favoritas: she will be loved y un día de ayer.
Y todas esas cosas, son muy mías y me gustan. Porque esa soy yo, así. Sin más ni menos. Esta soy.
Lo más importante de todas esas cosas que escribí es que ahora ya no soy tan igual a antes, y no porque ahora tenga el pelo corto, un aro en la nariz y me guste el vino. Sino que ahora me siento distinta, siento que quiero todas esas cosas que soy yo.
Lo  más importante de todo lo que soy es que amo mucho a mis amigas y a mi familia. Mi amor por ellos es gigante.
Y por último, hasta hace un tiempo no me gustaban los abrazos, excepto de tres personas en el mundo: hermana mayor, mi sobrina y quien era mi pareja en ese tiempo. Solamente me gustaba que me abrazaran ellos. Pero ahora, algo cambió, ahora me gustan los abrazos, me gusta que me aprieten.
Y esto soy ahora, lo mismo, pero con más garra. Ahora conozco mis inseguridades, mis miedos, conozco lo que es tener pena. Y me conozco a mi.
Y todo eso lo aprendí mirandome a mi, preguntándome ¿de verdad vas a dejar que todo esto no te deje nada? y pucha que me dejó cosas bacanes.
Y todos los demonios que circulan, los puedo mirar y decirles ¿ya, y qué?
Filo, se acabo todo. Ahora a darle pa adelante, que la fiesta sigue.Y si no sigue, me armo otra pa mi.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Poema final

Nunca conociste mi mayor dolor, mi mayor tormento
sólo decidiste crear uno nuevo
¿quién lo creería? ¿quién lo diría?
nunca más me sorprendería
olvidar tu boca yo debería.
Jamás te dije cuánto significabas para mi
pero amor, que buena acción
sino mayor habría sido esta terrible decepción.
Cuántos poemas te escribí
al menos sólo conociste uno
y este quizás leas
cuando ya no quede ninguno.
Y cuando todo pasó
ni cuenta me di
porque ocupada de mi estuve
para escribir algo así.
Sana heridas, sana almas
tu bien sabes
cuanto cuesta la calma.
Quizás vi muchas películas,
o leí muchas novelas
tu me enseñaste eso
y ahora sufro con aquellas.



lunes, 3 de diciembre de 2018

(Des) amor

En cualquier página de lo que sea, lo que uno más encuentra son imágenes de amor o desamor. La cuestión se vuelve terrible cuando estay enamorado porque todas las imágenes te hacen pensar en una persona y uno ya piensa todo el día en esa persona, y bueno, cuando estas "desenamorado" también es terrible porque todas te representan y uno dice "oh eso mismo me pasa a mi, y sufres leyendolo".
Entre todas las cartas que me escribí a mi misma, porque claro, quería me escribí a mi misma para luego cuando pasara el tiempo, poder entender lo que no entendía en ese momento y pensé que escribirme a mi misma me ayudaría.  El 02 de octubre escribí algo así:
"Nunca me había sentido tan desconsolada, ni siquiera sé bien que es estar desconsolada, pero así me siento, sin consuelo.
Dicen que es sólo un corazón roto, pero duele todo el cuerpo, duele hasta el pelo.
Me aprieta el pecho".
Ahora que lo releo, parece canción de Sin Banderas o de Alejandro Sanz de los 90. Que fatal lo cebollera que se pone una.
Lo más interesante de todo esto es que al final entiendes que no esta mal estar mal, no esta mal llorar, no esta mal soltar todo y dejar por un tiempo de ser alegre. Porque aunque le pongas todo el tino, y aunque un día despiertes y digas "ya, ahora solo pasaran cosas buenas", lamentablemente hay que ser un robot para aquello.
Y eso que yo siempre me consideré súper amarga, pero descubrí que no, que cuando había pena se vivía con todo el fua, sino paquepo.
Y duele po, obvio que duele, soltar duele, dejar ir duele. Si tampoco uno esta preparado para dejar ir personas que incrustas en tu corazón, pero al final eso son, personas. Y aunque te niegues, las personas van y vienen, un día son tu mundo entero y al otro día estas andando en el mundo sin siquiera saber si respiran. Eso fue como lo más asombroso, pensaba yo: "las personas si se van".
Y debe ser porque dentro de mi vida tan lineal, la mayoría del tiempo me he rodeado de las mismas personas.
Pero filo, ya está.
Hace un tiempo he estado asimilando mucho a los animales con las personas, es una vola bien loca, pero que me ha mantenido ocupada, a esta mente que le gusta pensar en lo mismo la mayoría del tiempo.
Una de las conclusiones más grandes a las que llegue es que efectivamente los animales sienten cuando viene el peligro, quizás eso sea una farsa que me inventé, pero creo que es cierto. Al menos mi perrita siente los temblores, y para ella eso es peligro. Y yo obviamente, lo asimilé a mi misma. Antes que viniera toda la pena que sentí, me sentía desde antes ya con pena, me sentía ya desganada ¿habrá sido que mi "instinto animal" sentía que venía el peligro (entendiéndolo en mi como la pena)? quizás si, porque yo creo que nunca me había sentido así.
Sería bacan igual poder prevenir el peligro, pero no somos tan bacanes como los animales.
Pero al final del día, yo creo que cualquier persona que atraviese estas circunstancias de crisis internas, donde te fuerzas a vivir transformaciones y debes hacerlo porque si te quedas atrás te quedas jodido, debes afrontar muchas cosas: todos tus demonios, el miedo, la soledad, la desesperación, el desconsuelo y la decepción (que a mi parecer es lo peor).
Y se muere una parte de ti, despiertas y ya no te sientes como antes.
El otro día leí que "atravesar por experiencias limites implica una muerte simbólica, un salirse de este mundo para posteriormente renacer a él".
Y así es, todas las frases clichés tienen razón.
Y no hay que cometer el error de ¿por qué a mi? la victimización es peor que culparse. Y ambas no sirven para nada, sólo para auto convencernos de que no tenemos la culpa del dolor, y nadie tiene la culpa del dolor. Pero como somos humanos, estamos constantemente justificandonos, y no es necesario.

PD: la imágen que adjunté la leí un día en que estaba buscando respuestas a por qué chucha dolía tanto. Y cuando la encontré dije "ESAAAA E".



viernes, 23 de noviembre de 2018

El huevo de la serpiente

Llevo muchos días tratando de escribir algo nuevo en mi blog. Eso no quiere decir que no he escrito porque este último tiempo he escrito mucho, pero la mayoría de lo escrito no quiero releerlo.
La razón por la que decidí volver a escribir son principalmente dos: la primera, es que hace un tiempo me hablo una persona x que en mi vida había hablado y amablemente me dijo "oye yo leía tu blog", además una amiga me dijo que le habían dicho que yo tenía un blog. Asique pensé "oh, alguien más aparte de mi papá leía mi blog", esa fascinación que tenemos los pseudo millenians de ser escuchados es terrible.
Y bueno, acá estoy.
Y como estaba acá, tuve que leer lo que había escrito hace dos años atrás, y pucha que están distintas las cosas. Ni se imaginan. Lo que si, me gustó leerlo porque me dio una sensación de satisfacción y de recuerdos bonitos que no había sentido hace rato.
Lo que quiero escribir hoy, es súper distinto a todo lo que leí más abajo, de hecho los sentimientos que tengo ahora no se parecen ni un poco a los de ese tiempo.
A la siguiente historia le llamaremos la salida de mi zona de confort porque luego de mucho pensarlo, eso fue.
No sé si a alguien le ha pasado, pero cuando el universo te obliga a salir de tu zona de confort, uno se niega y se niega, y por más que el mundo te dice "ya valiste", uno cree que siempre se puede mantener ahí, pero no po, la weaita no funciona así. Y en algún momento tenemos que salir y afrontar los demonios que tenemos.
En un principio sentí que el mundo se me iba  a ir a la chucha, y bueno, prácticamente así fue. Gráficamente me sentí como que me tomaron y me arrojaban hacia el suelo, y así muchas veces, y daba golpes y golpes. Un día despertaba con esa engañosa sensación de que "ya, basta, párate y toma todos esos pedazos tuyos que están rondando, y desde ahora sólo pasarán cosas buenas". Eso es lo más engañoso que se puede auto decir una, porque efectivamente faltaba mucho para aquello.
Lo penca fue el día en que mi cuenta que ya nadie me estaba arrojando al suelo, o quizás sí, pero ahora era con compañía: yo. Ahora era yo misma la que seguía lanzándose al suelo, en esos actos masoquistas que realiza la gente que esta en la mierda.
Pero bueno, al final fue mi decisión caer al hoyo, un día decidí cerrar los ojos y paff, empezar a caer para abajo mierda, y ahí me quedé, por varios días. Todo el día pensando lo mismo, todo el día llorando, todo el día odiándome, odiando al mundo, odiando lo que antes no odiaba. Y hasta pensé que me iba a quedar ahí por un buen rato porque quizás lo merecía.
Gracias a los dioses existían en mi vida personas maravillosas que me fueron sacando de a poquito, que con puro amor me ayudaron para salir, el amor que extrañamente durante todo este tiempo no valoré, siempre estuvo ahí. Mi familia y mis amigas, ahí poniendo el hombro.
Pensaba yo, había días malos y muy malos. Generalmente en los malos quería estar acompañada, en los mas malos prefería estar sola.
Para qué decir como era despertar, creo que realmente fue lo peor de todo, despertar y sentirme igual.
Lo que más tenía ahí abajo era miedo, miedo de crecer, miedo de salir al mundo sola, miedo de no podermela conmigo misma, miedo de decir adiós, miedo de perder personas, al final todo era miedo. Siempre he sido súper asustadisa y precavida para qué decir, pero esto era más que eso, era un temor a crecer.
Pero dentro de todo, salí, y aquí estoy. Conociéndome, llena de preguntas hacia mi misma, llena de dolores, llena de ganas de aprender y por sobre todo llena de ganas de poder construirme de nuevo, porque al final eso fue: me rompí entera y ahora debo rearmarme, el esqueleto al menos me lo armó mi alrededor, pero falta la parte más importante, y creo que esa me toca a mi.
Siempre he sido súper criticona, con todo el mundo, pero esta vez me empecé a criticar a mi, a mi carrera, a mi vida, a mi forma de ser, en definitiva todo. Me dí cuenta que básicamente mi felicidad estaba centrada en una persona y no en mi. Error.
En fin, eso fue en pocas palabras. Podría estar toda la noche escribiendo sobre mi salida de la zona de confort, pero creo que no es necesario.
Lo último que puedo decir es que es súper bonito el proceso de rearmarse, o no sé si bonito, pero interesante, y vale re mucho la pena.

PD. El título se llama así por dos razones: hoy vi una película que se llamaba así y la segunda es que no sé si se han fijado que los huevos de las serpientes son súper lindos, y dan ternura, pero dentro de ese maravilloso huevito se está gestando una serpiente. Creo que esa fue la sensación que me dejó todo esto, yo miraba el huevo, que al fin y al cabo dentro tenía una serpiente.

miércoles, 28 de diciembre de 2016


Quedan como dos o tres días para que termine el año y hoy en la mañana vi a Pedro Engel y dijo que era bueno hacer un catastro de tu año y agradeciendo a las cosas buenas y malas. Y eso es exactamente lo que haré, pero me propuse dos focos en esta ocasión: lo mejor y lo peor.
El mejor día del año sin lugar a dudas fue aquel cuando me tome esa foto, cuando estoy triste o estresada me gusta volver a sentir lo que sentí ese día: era sábado, no hace mucho, como en noviembre por ahí. Cuidamos a mis sobrinos con mis papás y llegó mi pololo a verme y decidimos ir al centro todos. Sobrinos, papás y pololo a la bonita plaza de San Felipe, y para mí buena suerte justo había una feria como artesanal donde vendían frutillas bañadas en chocolate (me encantan). Comimos eso y paso el rato, mi papá y el Santi se compraron un juguito de piña y seguimos paseando, de ahí mi pololo se fue a su casa y yo fui con mi papá y mis sobrinos a comprar unos destacadores. De ahí encontramos a mi mamá y la agu andaba en patines (tenía a mi mamá muriendo de nervios), nos fuimos al auto y ahí me sentí plena y feliz, en la radio sonó una canción que mis sobrinos cantaban, le subimos el volumen y mientras ellos cantaban "don't let me down" yo estaba feliz, si, de verlos cantar, de ver reír a mi papá y de ver a mi mamá. Totalmente plena, de algo tan simple como un paseo y una canción, ellos se veían feliz y me llene de ellos.
Agradezco a ese día, lo atesoraré en mi.
Y bueno, ahora en lo oscuro hubo uno en especial, hace poco (muy poco) en donde me sentí realmente triste y desconsolada. Me desconcierta ver tristes a las personas que más amo en el mundo. Y en lo personal tuve días malos, pero también les agradezco: sin dolor no te haces feliz.
Y bueno, eso. Agradezco con toda mi alma y mi ser más profundo a mi familia por existir, a mis tres sobrinos por llenar mi corazón de amor, a mi papá por amarme y ser todo el sustento en mi, a mi hermano por su bondad y complicidad, a mi hermana mayor por apoyarme y estar en mi vida, a mi hermana del medio por su fuerza y por estar siempre y a mi mamá por estar ahí, siempre.
También a él obviamente, mi pololo. El más apañador, con esa extraña característica inestable y fuerte, que acompaña a esta mujer de extraño carácter y de aquellos enojos repentinos. Nos seguimos despojando de todo para seguir juntos, para amarnos y complementarnos, acompañarnos, aconsejarnos y valorarnos. Fue un año en el.qje aprendimos mucho, nos caímos varias veces, y nos supimos levantar juntos.
Y por último, a mis amigas. Por estar siempre ahí apoyandome y tener la alegría a flor de piel. En especial a la jobla, mi amiga más especial y que quiero con todo el cucharón, que me prestó su hombro todo el año y me abrió su corazón.
Gracias, gracias y gracias a todos de este año. A lo bueno y a lo malo.
Que sea un 2017 mucho mejor.
Feliz año nuevo.